La tortura en el Estado español. Informe 2014

 

 

 

 

 

Un Informe sobre la situación de la tortura en el Estado español revela 961 personas afectadas por durante el año 2014. 

  • Por undécimo año consecutivo, la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura (CPDT), integrada por 47 entidades de defensa de los Derechos Humanos del Estado español, presenta su informe anual sobre los casos de tortura, malos tratos y muertes bajo custodia.

 

  • Se triplica el número de personas migrantes que han vivido situaciones de tortura o malos tratos respecto al 2013.

Como en ediciones anteriores la presentación ha tenido lugar en primer lugar, haciendo un análisis cuantitativo de las situaciones en las que se produjo algún tipo de violencia institucional sobre personas bajo custodia de los funcionarios de seguridad pública (en comisarías, cuarteles, prisiones u otros centros de privación de libertad) y/o en el transcurso de intervenciones policiales (represión de manifestaciones, etc.). Este análisis de los datos se ha desarrollado según el territorio en el que se produjeron los hechos, siendo Catalunya, Andalucía y Madrid los tres territorios que han recopilado más denuncias (afectando a 277, 221 y 144 personas respectivamente).

A continuación se han analizado los datos según las características de las personas agredidas y, en este ámbito, dos colectivos especialmente afectados: las personas agredidas durante su participación en movilizaciones sociales (con al menos 450 personas afectadas) y las personas migrantes (355 personas). Continuando con la descripción del cuerpo funcionarial  denunciado por haber cometido las agresiones, se destacan, según los datos la Policía Nacional (denunciada por 315 personas), las policías autonómicas (denunciada por 272 personas) y la Guardia Civil (denunciada por 271 personas).

Posteriormente y tras analizar los datos conocidos, se ha pasado a presentar un estudio cualitativo, de una forma más detallada, de algunas situaciones específicas que, según ha destacado la CPDT, generan especial preocupación, empezando por las muertes bajo custodia, de las que indican haber conocido 50 casos, y siguiendo por la situación de las personas migrantes; especialmente en la Frontera Sur y los vuelos de deportación. “Destacamos estas tres cuestiones por entender que son las de mayor gravedad de entre las ocurridas en el período analizado, pero sabiendo que no son las únicas y que todas las situaciones conocidas son preocupantes, por implicar la vulneración de derechos fundamentales como lo son el derecho a la integridad física, psíquica y moral” comentan desde la propia Coordinadora.

Sevilla, 4 de diciembre de 2015.-

Para ver el informe completo: CPDT Informe 2014

Para ver el resumen: Resumen info CPDT 2014

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Trabajo en prisión, ¿trabajo esclavo?

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía ha iniciado una campaña contra la explotación laboral en prisión con el objetivo de que trabajadores y trabajadoras privados de libertad puedan ejercer sus derechos laborales y sindicales.

La misma se fundamenta en la constatación, tras años de trabajo en este campo, de la existencia de vulneraciones generalizadas de la legislación laboral por parte de la Entidad Estatal Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo (TPFE), adscrita al Ministerio de Interior a través de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Entre otras muchas cuestiones cabe destacar: el abono de las horas por debajo del importe establecido, el no reconocimiento de las horas realmente trabajadas, la infra-cotización, el acceso y el cese del puesto de trabajo no son ajustados a derecho, el hecho de que prestaciones idénticas puedan ser retribuidas o no (servicios auxiliares comunes), trabajos de 50 horas a la semana por un importe entre 200 y 300 euros son habituales en prisión.

Por otra parte, se requieren modificaciones administrativas y legales, tales como evitar que en el informe de vida laboral siga apareciendo este trabajo, que estigmatiza a la persona trabajadora, y que quien haya trabajado en prisión no pueda optar por el subsidio por excarcelación, que es siempre más beneficioso que la prestación por desempleo.

Todas estas situaciones sólo podrán ser transformadas si hay una implicación sindical. Hay presencia sindical dentro de las prisiones, pero nadie está acompañando a los/as trabajadores/as presos/as. No existe obstáculo legal alguno que limite el derecho fundamental a la libertad sindical.

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Más información y materiales

Fuente: Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía

Mejor en prisión que en la calle: el mito de la Cárcel-Hotel

Cada cierto tiempo, se publican en todo tipo de periódicos noticias de personas que en su desesperación delinquen para encontrar en la cárcel techo y comida. En estas notas se narra la dura vida de una persona en situación de pobreza extrema, muy a menudo sin techo, que decide perpetrar un delito para ser encarcelado y disfrutar así de una vivienda pública con pensión completa de forma gratuita. Estas anécdotas son convertidas en categoría de forma recurrente gracias a los prejuicios imperantes sobre lo que es y lo que significa la vida en prisión, y contribuyen a reforzar el estereotipo de la cárcel como hotel en el que cumplir condena es poco más que un retiro temporal de la vida cotidiana en el que el interno es tratado con “demasiada benevolencia” teniendo en cuenta que se trata de un “delincuente”.

Exigir a los centros penitenciarios dureza en las condiciones de vida impuestas a los reos concuerda con los planteamientos de los pensadores liberales del siglo XIX que consideraban que cualquier alternativa al trabajo industrial debía estar ligada unas condiciones que hicieran deseable la vida de la más pobre de las familias proletarias. En el Reino Unido y en la Europa central, el final del feudalismo y las transformaciones en las formas de propiedad de la tierra empujan a millones de personas hacia las ciudades a buscar nuevas formas de sustento, pero no todos los migrantes logran una ocupación industrial y en los primeros compases de la industrialización, las ciudades se caracterizan por el hacinamiento y el incremento desmesurado de la pobreza y la indigencia en las calles. Donde la recién estrenada ética del trabajo no llegaba a convencer a la gente de las bondades del empleo industrial, se aplicaba la represión para someter a los antiguos campesinos y nuevos urbanitas de que su mejor destino era la dignificación del empleo asalariado en fábricas y talleres. Es en este contexto de pauperismo industrial e incremento de la mendicidad urbana en el que viven su momento de esplendor las casas de trabajo (workhouses) y los correccionales, y son vagabundos y prostitutas sus primeros huéspedes.

En las workhouses, hombres y mujeres realizaban trabajos industriales de forma obligada a cambio de comida y techo. Su reclusión obedecía al crimen de vagancia, mendicidad o ejercicio de la prostitución, y eran detenidos y detenidas en macro-redadas ordenadas por las autoridades municipales consideraban excesivo el número de personas sin hogar acumuladas en la vía pública. En la Inglaterra victoriana estas casas de trabajo tuvieron una importante presencia y se desarrollaron legislaciones en las que claramente se describía el destino que debía marcar las vidas de aquellas personas que “no podían mantenerse por si mismas”. La New Poor Law Act británica de 1834 establecía que no se debía dar asistencia a aquellas personas pobres que rechazaran su internamiento en una Workhouse. Instituciones paralelas tenían la misma función social en el proceso de industrialización alemán o en la Francia napoleónica. En los países del sur de Europa, de industrialización más tardía, la Iglesia incorpora la doctrina del pan por trabajo con instituciones como las Casas de Arrepentidas (cárceles cuya misión es el control de mujeres de vida desordenada) o los Hospicios para Pobres.

Si bien la aplicación de penas de privación de libertad no es ninguna novedad surgida de la revolución industrial, la generalización del uso de la reclusión penitenciaria en sustitución de la pena de muerte es consecuencia de la modernización y de un intento de humanización ilustrada de la economía del castigo. La experiencia de internamiento de un gran número de personas en situación de pobreza urbana severa y desempleo constituye un aprendizaje institucional que facilita el desarrollo de los sistemas penitenciarios modernos. El mismo proceso de humanización de las penas transforma la justificación punitiva de la pena de prisión a una justificación reeducativa o de reinserción social de los penados, pero, la historia de la institución penitenciaria es la historia de un gran fracaso que dura ya doscientos años.

Las cárceles nunca han dejado de ser una herramienta de control de la marginalidad. La aplicación de la pena de prisión mantiene un sesgo de clase en todos los países del mundo. La capacidad reeducativa de la reclusión se ha mostrado nula y existe importante evidencia empírica de que la prisión engendra más exclusión social. El triunfo de la ética del trabajo y el propio origen moralizante de las instituciones penitenciarias explican, en parte, la falta de reparos con la que se opina sobre las condiciones que deberían imperar en los centros de reclusión. Cualquier indicio de comodidad es visto como un lujo innecesario, a la par que moralmente reprobable, al servicio de individuos merecedores de la mayor severidad. Se vacía así de significado la condena de privación de libertad para poner énfasis en las condiciones de cumplimiento, como si el régimen penitenciario no fuera, en sí mismo, un método de castigo. La ola de populismo punitivo de los últimos treinta años ha añadido a esta confusión entre condena de privación de libertad y condiciones de cumplimiento argumentos que vinculan las condiciones de vida de los penados con la dignidad de las víctimas. Como recuerda David Garland en La Sociedad del Control, las víctimas han tomado un papel central en el debate sobre las penas convirtiendo las condenas en una especie de juego de suma cero en el que restar serveridad al castigo supone una ofensa.

El desconocimiento de la realidad penitenciaria facilita el clamor popular por el endurecimiento de las condiciones de vida de los internos. Mientras la demagogia del populismo punitivo se centra en remarcar la presencia de televisores en las celdas, la existencia de equipamientos deportivos en las cárceles, o que en los centros de reciente construcción hay piscina, lo que se muestra realmente relevante para la percepción de calidad de vida de los internos son las relaciones interpersonales que se establecen durante el cumplimiento de la condena, las posibilidades de acceder a permisos que hagan más soportable la reclusión, o la periodicidad de las visitas de familiares.

Con independencia de que en una prisión haya o no polideportivo, el régimen penitenciario consiste en una sucesión de días en los que no existe la mínima posibilidad de decidir sobre la cotidianidad. A la hora señalada debe levantarse y esperar el recuento, salir de la celda y permanecer en los espacios comunes. No decide ni cuando, ni cómo, ni qué desayuna, almuerza o cena. Esté de peor o de mejor humor, no puede decidir quedarse en la celda, tirado en la cama, leyendo un libro o mirando la televisión. No decide cuando llamar a su familia ni cuando recibir visitas. Ni tan sólo puede decidir hablar con un compañero o amigo del mismo módulo si no es en el horario marcado para estar en las salas o los patios. La incapacidad de romper la monotonía de una vida marcada por los horarios convierte en lujos imprescindibles pequeños placeres como un café o un refresco de máquina… O las chocolatinas compradas en el economato del módulo (a un precio sustancialmente superior del que pagaríamos en cualquier supermercado)…

Especialmente duras son las condiciones de indigencia carcelaria que viven aquellos internos que no reciben dinero de sus familias. Si bien es cierto que ya no se obliga a los presos a trabajar a cambio de comida y techo, las instituciones penitenciarias no proporcionan nada más que eso: comida y techo. El lote higiénico que antes de los recortes presupuestarios de 2011 se facilitaba a los internos mensualmente, se reparte hoy una vez al trimestre. Los productos de limpieza (lejía y un estropajo), el papel higiénico, el jabón, las cuchillas de afeitar… son insuficientes para asearse durante tres meses. Sin dinero no hay posibilidad de completarlo en el economato y hay que pedir favores o contraer deudas que se tendrán que pagar posteriormente con favores o tabaco. La mayor parte de las personas que sufren esta indigencia carcelaria son africanas, no disponen de recursos para mantener el contacto con su familia y saben que van a cumplir su condena del primer al último día sin permisos ni terceros grados. Existe la posibilidad de conseguir un empleo en los talleres para conseguir una remuneración mínima que permita sobrellevar la situación, pero deben haber plazas disponibles y el trabajo debe ser asignado por la Junta de Tratamiento. Muy a menudo, una ocupación que indigna a buena parte de los presos por su mísera remuneración, constituye una tabla de salvación para algunos.

Las encuestas sobre actitudes punitivas de la ciudadanía parecen indicar que la extendida opinión de que la ciudadanía de los países europeos reclama más mano dura debería matizarse. Parece ser que se exige mayor dureza en el castigo bajo una muy extendida situación de desconocimiento de las penas que contempla el código penal. Irónicamente, bajo la premisa errónea de que los castigos son blandos parece que se exige una dureza inferior a la que ya se da en la realidad. ¿Sucede lo mismo con las ideas preconcebidas acerca del impacto subjetivo del encarcelamiento? ¿De conocer lo que supone la supervivencia en prisión, nos fijaríamos en la piscina?

Recomendaciones bibliográficas:

  • Focault, Michel. 1976. Vigilar Y Castigar. Nacimiento de La Prisión. Buenos Aires: Siglo XXI editores.
  • Garland, D. 2005. La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea. Barcelona: Gedisa.
  • Ríos, J. y Cabrera, P. 1998. Mil voces presas. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.
  • Ríos, J. 2013. La prisión perpetua en España. Razones de su ilegitimidad ética y de su inconstitucionalidad. Donostia: Tercera Prensa. [Disponible en http://www.derechopenitenciario.com/comun/fichero.asp?id=3219]
  • Varona, Daniel. 2009. “¿Somos Los Españoles Punitivos?: Actitudes Punitivas Y Reforma Penal En España.” InDret 1. [Disponible en http://www.indret.com/pdf/599.pdf]

Fuente y más información en: Tokata

 

“Primero los pacientes, luego nos pegamos para ver quién paga la factura”

El pasado 4 de agosto de 2015 fue presentado a las Cortes Generales el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2016 y en la página 207 del Informe Económico y Financiero podemos leer: “Para el cumplimiento de sus objetivos, la política penitenciaria trata de racionalizar y priorizar los medios disponibles haciendo un uso eficiente de los recursos que se le asignen y que durante 2016 ascienden a 1.149,71 millones de euros, lo que supone un incremento de 25,05 millones de euros respecto al ejercicio anterior, de los que 20 millones de euros se destinan a productos farmacéuticos para tratar a los reclusos contagiados de Hepatitis C”.

Sorprendida, tengo que volver a leerlo de nuevo. ¿Dinero para fármacos para reclusos/as infectados de hepatitis C en los Presupuestos Generales? Por un momento no entiendo nada. Recuerdo que, en febrero de 2014, cuando Manuel Trancoso reclamó el tratamiento de su hepatitis C con la triple terapia, le contestaron que no correspondía a la Administración penitenciaria; recuerdo a la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria denunciando que las personas con hepatitis C que estaban en la cárcel no estaban siendo tratadas; recuerdo a Pablo Saiz de la Hoya, miembro de esta misma sociedad, avisando de que se había perdido el concepto de equidad en la sanidad penitenciaria, ya que no se estaba tratando igual a las personas presas que al resto de la población –”para evitar el coste se nos ha prohibido prescribirlo”–; recuerdo el Informe Anual del Defensor del Pueblo de 2014 denunciando que los nuevos medicamentos incluidos en la triple terapia no estaban llegando a los/as presos/as; pienso en la sentencia, de septiembre 2014, de un juez de Valladolid dando la razón a la Consejería de Salud de Castilla La Mancha frente a la demanda del Ministerio del Interior, que pretendía que fuera la comunidad autónoma la responsable de pagar el tratamiento, dejando muy claro que era responsabilidad de Instituciones Penitenciarias el pago y, también, recuerdo a José Manuel Arroyo, subdirector de Sanidad Penitenciara, diciendo en junio de 2015, a pesar de todo esto, que confiaba en que antes del verano “todas las comunidades acepten y entren en el redil” (esto es, paguen ellos los medicamentos).

Pero no. Parece que, por fin, el Ministerio del Interior e Instituciones Penitenciarias reconoce que es de su competencia la salud de las personas que están en prisión y que, al tratarse de una medicación de tipo ambulatorio, son ellos los responsables de costear el medicamento por muy caro que sea. Los problemas surgieron a partir de la aparición de esta nueva terapia, mucho más efectiva pero también mucho más cara, y desde entonces han hecho todo lo posible por prorrogar la aceptación de esa responsabilidad sin tener presente las terribles consecuencias que esto tenía para la salud de las personas.

Según parece, las personas enfermas de Hepatitis C que están en la cárcel comenzarán a recibir un tratamiento adecuado sin que antes sea necesaria una lucha sin fin para ver quién se va a hacer cargo de la factura. Por fin, el Ministerio del Interior ha asumido que no puede seguir eludiendo sus responsabilidades. Si bien rectificar es de sabios -en este caso tras sentencia judicial que le señala el camino- ¿nadie ha de asumir alguna responsabilidad política dimitiendo?

La asunción de responsabilidades por parte de Instituciones Penitenciarias me alegra, claro. Pero la alegría dura poco. Basta con pensar en el número de personas para laa que esta noticia ha llegado demasiado tarde, cuántas personas han muerto o para cuántas el tratamiento no podrá ya ser efectivo. Eso tan obvio que José María Pino, director general de Asistencia Sanitaria de Castilla La Mancha, dijo: “Cada uno estamos para defender nuestra parte, pero lo primero son los pacientes y luego nos pegamos para ver quién paga la factura”. Pero parece que no es visto así por todos.

Frente a él, José Manuel Arroyo decía que sólo pagaría cuando una sentencia firme le obligara, haciendo oídos sordos a lo que había dicho la Defensora del Pueblo, que había solicitado a Instituciones Penitenciarias que pagase los medicamentos y después cobrase las facturas a quien considerase responsable. No nos podemos olvidar que Manuel Trancoso está hoy curado porque la comunidad autónoma andaluza se hizo cargo de su tratamiento –tarde, pero se hizo cargo- aun cuando sabía que no era su responsabilidad. El Ministerio del Interior, sin embargo, antepuso en todo momento sus intereses económicos, olvidando los derechos de los pacientes.

A esa tristeza por los que ya murieron se une la preocupación por saber a cuántos presos/as llegará el tratamiento. Si el tratamiento de la triple terapia cuesta unos 25.000 euros y en la cárcel, entre las 65.000 personas internas, hay más de 16.000 infectadas de hepatitis C ¿cuántas podrán ser tratadas por el presupuesto? Si piensa que una persona merece siempre un trato digno –estar o no en la cárcel no cambia nada– haga la cuenta. La tarea no ha terminado.

Marian Pérez Bernal – Área de Cárceles de la APDHA

Fuente: el blog de APDHA

Alberto Gómez Ramos, 45 Días en huelga de hambre en la cárcel de Topas (Salamanca)

Alberto Gómez Ramos Díez Escudero está en huelga de hambre desde el día 9 de junio por las injusticias del centro penitenciario de Topas. Después de 25 años de encierro y mientras estaba a la espera de permisos, le pusieron dos partes, uno por salir a enfermería el día 6 de junio y dejar una botella de agua encima de la mesa, poniéndose supuestamente “agresivo”; el otro, por un casete con cable y una radio pequeña que venden en el economato y que ha desaparecido.

Esto nos ha llegado por mail; de momento, no tenemos más información. Difundimos la que hay, aunque sea tan poca, por la urgencia del caso, porque el compañero lleva ya 45 días sin comer. Mientras nos ponemos en contacto con él, pedimos máxima atención y toda la solidariad que se pueda. Esos partes disciplinarios por aparentes tonterías son en realidad algo muy grave para una persona que lleva tantos años presa, ya que pueden retrasar considerablemente sus posibilidades de salir pronto a la calle. Alberto necesita nuestra solidariad; mientras articulamos algo más sustancioso, al menos podemos escribirle para hacerle saber que no está solo. Estas son sus señas:

Alberto Gómez Ramos Díez Escudero

Centro Penitenciario de Topas

Ctra. N-360, km. 314

37799 TOPAS (Salamanca)

 

Fuente: Tokata

Muere un preso que se encontraba en huelga de hambre en la prisión de Jaén

Un preso de la prisión de Jaén ha aparecido muerto en la enfermería de la cárcel después de etar en huelga de hambre desde mayo, según apunta Diario de Jaén. El hombre, de 53 años y natural de Úbeda, se encontraba cumpliendo una condena de 10 meses acusado de «resistencia a la autoridad».

Antes de la condena ya había estado en prisión preventiva y durante ese tiempo también protesto realizando una huelga de hambre y en silencio, tanto que no comunicaba ni la huelga al centro. Así estuvo hasta que fue puesto en libertad a la espera del juicio.

En mayo, volvió a la prisión y, otra vez, dejó de comer y de hablar. En junio estuvo ingresado en el hospital al agravarse su estado de salud y pasados unos días, volvió a comer. Se recuperó en el hospital para después regresar a prisión, donde retomó a la protesta y tuvo que volver al hospital.

El martes por la mañana, fue dado de alta. Ingresó en el centro penitenciario, aunque, durante la noche, volvió al Complejo Hospitalario por su delicado estado de salud. De madrugada fue llevado de nuevo a prisión y a primera hora de la mañana fue encontrado muerto.

Fuente: naiz:

En la cárcel de Picassent “se mueren de sed”

Según diversas fuentes provenientes de personas presas recluidas en el penal de Picassent en Valencia, ayer se produjeros situaciones de emergencia humanitaria que atentan contra el derecho a la salud y al trato digno de las personas encarceladas, derechos que la institución carcelaria tiene la obligación de garantizar a quienes dependen totalmente de ella por su condición de penados y que incomprensiblemente y por falta de previsión se violaron.
Este lunes, día 13 de julio en éste penal, los funcionarios, sin previo aviso, han dado instrucciones de no usar el agua para consumo, ni por motivos de higiene (lavarse, ducharse, etcétera) debido a que la depuradora de agua en situación de limpieza y mantenimiento. El agua tenía una hipercloración que hacía peligroso su contacto por lo que no podía lavarse las manos, los dientes o ducharse y mucho menos beber agua del grifo.
Desde la dirección, para afrontar esta situación de emergencia se ha recurrido a racionarles el agua potable, dándoles una botella de agua de litro y medio para todo poder beber y lavarse durante todo el día (de 8 de la mañana a 8 de la tarde), lo cual resulta totalmente inaceptable y vejatorio si tenemos además en cuenta las condiciones de extremo calor que hicieron alcalzar, según los termómetros, temperaturas de 35 grados durante el día. Esto además de limitar las actividades diarias, ha provocado conatos frecuentes de deshidratación entre las personas presas que claramente podían ser evitadas si se hubieran previsto las consecuencias de cortar el uso del agua. Además, pueden existir efectos no visibles a corto plazo en los casos de quienes ante su situación de desesperación por la sed y el calor hayan ingerido o utilizado el agua contaminada.
Para que jamás se vuelva a producir esta situación que, al parecer no es la primera vez que ocurre, queremos que los medios de comunicación se hagan eco mediante este comunicado informativo para que se exijan responsabilidades a la dirección del penal y con el fin de que intervenga la autoridad judicial competente enviamos este comunicado al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria con el fin de que intervenga.

«Frantzian, faxismoa erabat zabaldua dago» (“En Francia el fascisco está totalmente extendido”)

(traducción al castellano abajo)

Duela lau urte atera zen espetxetik Rouillan, 25 urteko zigorra bete ostean. Mugimendu aurrerakoi eta iraultzaileak erretiran ikusten baditu ere, argi dio egun «borroka posiblea eta beharrezkoa» dela.

Iraganaz idatzi du, baina orainaz hitz egitera etorri da Jann-Marc Rouillan (Auski, Okzitania, 1952). Borroka armatuaren aldeko hautua egin zuen 1970eko hamarkadan. MIL, GARI eta Action Directe taldeetako kide izan zen. Bere autobiografiaren hirugarren alea, De Memoire III. La courte saison des GARI (Buruz III. GARIen garai laburra), gaztelaniara itzuli berri dute, eta aurkezpena egin zuen aurreko astean Hego Euskal Herriko hainbat herritan. Aurkezpenok errealitate ezberdinak ezagutzeko baliatu ditu Rouillanek. «Mugimenduan dabilen jendeak zer esaten duen jakiteko erabili ohi ditut hitzaldiak».

Lehenik eta behin, espetxean gaixotasun arraro bat pairatzen hasi zinen. Zer moduz zaude?

Gaixotasun oso arraroa dut: Erdheim eta Chesterren sindromea. Momentuz, bakean utzi nau. Espetxean atera zitzaidan, baina kanpoan nagoenetik ez dut arazorik.

Zein da zure egoera legala?

Baldintzapeko askatasunean nago 2018. urtera arte.

Horrek zer ondorio ditu?

Bouches-du-Rhone departamenduan konfinatuta nago, Marseilla inguruan. Ezin naiteke ez Frantziatik atera, ez 38 departamendutan sartu. Sail antiterroristako zigorra ezartzeko epaile espezializatuaren esku nago. Hemen egoteko, Virus editorialaren paperak aurkeztu behar ditut, eta norbaitek esan behar du bere etxean hartuko nauela.

Lan handia da horrela ibiltzea?

Nazkatuta daude nirekin. Zigorra ezartzeko auzitegia astean bi aldiz batzen da nigatik. Belgikara, Italiara edota Venezuelara joateko baimenak eskatzen ditut. Lan kontuak direnez, ezin dute ezetz esan.

Elkarrizketaren batean esan duzu hau dela legezkotasunean bizi izan zaren denbora tarterik luzeena borrokan hasi zinenetik. Nola bizi duzu?

Egoera hau erabat berria da niretzat, eta oso etsigarria da. Bizimodu normala egin dut urteetan, baina, garai hartan, mugimendu aurrerakoia ofentsiban ari zen mundu osoan. Orain, ordea, mugimendu horiek erretiran daude. Ez dakit zein den Euskal Herriko egoera, baina Frantzian hutsaren hurrengoa da. Faxismoa erabat zabaldua dago, faxismo aitortua gainera. Ni Francoren aurka borrokatu nintzen; borroka armatuaren hasiera izan zen niretzat. Orain ordea, faxismoa Frantzian dago.

Zein da zure inguruko herri mugimenduen egoera?

Marseillan, Fronte Nazionalak botoen %30 ditu. Hau da, Euskal Herrian gobernuan dagoen alderdi batek ateratzen duena. Eskuineko alderdi instituzionalek eskuin muturreko elementuak dituzte, eta alderdi sozialista erabat atzerakoia da. Jendeak jarrera faxistak ditu egunerokoan, arrazakeria orokortu da, eta islamofobia arrunta da. Charlie Hebdo-ren ostean, ezkerreko jendeak mozorroa kendu du, baita ezker muturrekoak ere. Kolonialistak dira. Auzo herrikoien inguruan hitz egiten dute aljeriarrei buruz hitz egiten zuten bezala.

Amerikan badira mugimendu aurrerakoi garrantzitsuak. Nola bizi duzu errealitate hori?

Oso esperientzia positiboak dira, baina, era berean, arrisku handiko egoera da. Estatubatuarrek iraultza chavistarekin bukatzen badute, oso une gogorra izango da, Venezuela oso garrantzitsua baita Amerika hegoaldeko askapenean. Venezuela galduz gero, Hego Amerika berriro konkistatzeko prozesua hasiko da.

Uste duzu Syrizak errotiko aldaketak egingo dituela Grezian?

Grezian preso politiko asko daude. Non daude, etxean ala Syrizaren espetxeetan? Askapen prozesuetako lehen pausoa preso politikoak askatzea da. Grezian noiz gertatuko den zain nago, baina, momentuz, ez dut ezer ikusi.

Zer uste duzu Euskal Herriko egoerari buruz?

Uste dut egoera ez dela duela bi urte bezain gordina, baina zailagoa da. Ni atzerritarra naiz, eta ez dut euskal herritarrena den prozesuaren inguruan hitz egin nahi. Baina badago gauza bat arduratzen nauena: presoak. Ez dut polemikoa izan nahi, baina uste dut presoak espetxean dauden bitartean ez dela bake prozesurik egongo. Euskal presoekin batera egin ditut 25 urte espetxean; nire adiskideak eta lagunak dira. Horregatik, gai hori oso hurbileko dela sentitzen dut.

Zergatik idatzi duzu zure autobiografia?

1970eko hamarkadan bizi genuen oldarraldi iraultzailea azaltzeko, transmisiorako bide bat dira liburuak. Ez baita erraza azaltzea garai hartan bizi izan genuena. Armak hartu eta kalera ateratzeko erabakia hartzea ez da ulertzeko erraza egun.

Espetxean idatzi nituen hiru liburuak. Hori garrantzitsua izan zen niretzat, norbanakoa bere inguruko gizarte harremanen emaitza baita. Memoria ez dago gaurko gizarte eta borroka politikotik banandua. Ni neure buruaren beldur nintzen. Ez dut gauza bera idatziko gaur eta hamar urte barru. Egun, erretiran nago ni ere. Espetxeko erresistentzia espirituarekin idatzi nahi nituen liburuok, garaiari ahal bezain fidel izateko.

Teknologikoki eta militarki gizartea asko garatu da azken urteetan. Posible da boterearen aurkako borroka?

Bai, posible da. Jendeak ezinezkoa dela esaten badu, bide horretan esperimentaziorik ez dagoelako da. Baina nik uste dut ahal dela, eta ez hori bakarrik: beharrezkoa ere badela uste dut, egoera gogorragoa baita egunez egun.

Iturria: Berria


Entrevista a Jann-Marc Rouillan publicada por el diario vasco Berria el día 12/05/2015

JANN-MARC ROUILLAN . MILITANTE Y ESCRITOR

Rouillan salió de prisión hace cuatro años tras cumplir 25 años de condena. Aunque ve a los movimientos progresistas y revolucionarios en retroceso afirma que hoy “la lucha es posible y necesaria”.

Jann-Marc Rouillan (Auch, Occitania, 1952) Ha escrito sobre el pasado, pero ha venido a hablar sobre el presente. En la década de 1970 optó por la lucha armada. Fue miembro del MIL, GARI y Action Directe. Recientemente han traducido al castellano la tercera parte de su autobiografía, “De memoria III. La breve de los GARI”, y la semana pasada ha estado en diversos pueblos de Hego Euskal Herria presentándolo. Rouillan ha aprovechado estas presentaciones para conocer diferentes realidades. “Suelo utilizar las charlas para conocer lo que dice la gente que anda en el movimiento”.

Antes de nada, en prisión empezaste a sufrir una rara enfermedad. ¿Qué tal te encuentras?
Padezco una enfermedad muy rara: el síndrome de Erdheim y Chester. De momento me ha dejado en paz. Me apareció en prisión, pero desde que estoy en la calle no tengo problemas.

¿Cuál es tu situación legal?
Estoy en libertad condicional hasta el año 2018.

¿Eso qué supone?
Estoy confinado en el departamento de Bouches du Rhone, cerca de Marsella. No puedo abandonar Francia, ni entrar en 38 departamentos. Estoy en manos de un juez especial de la sección antiterrorista. Para poder estar aquí, he tenido que presentar los papeles de la editorial Virus y alguien ha tenido que declarar que me va a alojar en su casa.

¿Es muy duro andar así?
Están hartos de mí. El tribunal especial se reúne dos veces por semana por mi. Pido permisos para viajar a Bélgica, Italia o Venezuela. Como es por motivos de trabajo no me los pueden denegar.

En alguna entrevista has dicho que este es el periodo más largo que has vivido dentro de la legalidad desde que empezaste a luchar. ¿Cómo lo vives?
Esta situación es totalmente nueva para mi, y muy frustrante. He llevado una vida normal durante años, pero en esa época el movimiento progresista estaba a la ofensiva en todo el mundo. Hoy en día, en cambio, esos movimientos están en retirada. No se cual es la situación de Euskal Herria, pero en Francia es casi nula. El fascismo está muy extendido, un fascismo declarado. Yo luche contra Franco; fue el principio de la lucha armada para mí. Ahora en cambio, el fascismo está en Francia.

¿Cuál es la situación de los movimientos sociales de tu entorno?
En Marsella el Frente Nacional tiene un 30% de los votos. Esto es, lo que saca un partido que gobierna en Euskal Herria. Los partidos de la derecha institucional tienen elementos de extrema derecha, y el partido socialista es totalmente conservador. La gente, en su día a día, tiene comportamientos fascistas, el racismo se ha generalizado, y la islamofobia es común. Después de Charlie-Hebdo la gente de izquierdas se ha quitado la careta, incluso l@s de extrema izquierda. Son colonialistas. Hablan de los barrios populares como se hablaba de Argelia en el pasado.

En América hay movimientos progresistas importantes. ¿Cómo vives esa realidad?
Son experiencias muy positivas, pero a la vez, es una situación de alto riesgo. Si los norteamericanos terminan con la revolución chavista, será un momento muy duro, porque Venezuela es muy importante para la liberación de América del Sur. De perderse Venezuela, comienza el proceso de reconquista de Sudamérica.

¿Crees que Syriza va a realizar cambios profundos en Grecia?
En Grecia hay much@s pres@s polític@s. ¿Dónde están ahora? ¿En casa o en las cárceles de Syriza? El primer paso de los procesos de liberación es liberar a l@s pres@s polític@s. Estoy a la espera de que esto ocurra en Grecia, pero de momento no he visto nada.

¿Qué opinas sobre la situación de Euskal Herria?
Creo que la situación no es tan cruda como hace dos años, pero es más difícil. Yo soy extranjero, y no quiero hablar del proceso que es de l@s vasc@s. Pero si hay una cuestión que me preocupa: l@s pres@s. No quiero ser polémico, pero creo que mientras l@s pres@s estén en prisión no habrá proceso de paz. He pasado 25 años en prisión junto a l@s pres@s vasc@s; son mis amig@s. Por eso, ese tema lo siento muy cercano.

¿Por qué has escrito tu autobiografía?
Mis libros son una vía de transmisión para explicar el auge revolucionario que vivimos en la década de 1970. Porque no es fácil explicar lo que vivimos en aquella época. Hoy en día no es fácil entender la decisión de tomar las armas y salir a la calle. Escribí los tres libros en la cárcel. Eso fue importante para mí, porque el individuo es fruto de las relaciones sociales de su entorno. La memoria no está separada de la sociedad y la lucha política actual. Yo me temía a mí mismo. No voy a escribir lo mismo hoy o dentro de diez años. Hoy, yo también estoy de retirada. Escribí los libros con el espíritu de resistencia de la cárcel, para ser lo más fiel posible a la temática.

En los últimos años la sociedad se ha desarrollado mucho tecnológicamente y militarmente. ¿Es posible la lucha contra el poder?
Sí, es posible. Aunque la gente diga que es imposible, es porque no hay experimentación en esa dirección. Pero yo creo que es posible, y no solo eso: creo que es necesaria, porque día a día la situación es más dura.

Traducida por el Sindicato de Educación Pública de CGT-LKN de Bizkaia