LA POLICÍA IMPIDE LA SOLIDARIDAD CON LAS PERSONAS PRESAS

El sábado quisimos llegar a la cárcel para mostrar nuestra solidaridad a las personas que están presas. Queríamos que por un día sintiesen que no están solas a las afueras de la ciudad. Que por un día escuchasen voces queridas –aun siendo desconocidas- y gritos de apoyo. Deseábamos empoderarles simplemente con un saludo que recibirían desde sus ventanas con rejas. Un guiño de complicidad para quien tiene privada la libertad. Este fin de semana se celebró la VI bici-marcha a la cárcel de Pamplona.

La marcha empezaba en el solar de la vieja cárcel de Pamplona -en el barrio de San Juan- se alargaba hasta la cárcel actual -en la colina de Santa Lucía- y terminaba en la plaza de Navarrería donde había programada una charla, una comida popular, la participación de un cantautor y un teatro. Este es un acto que desde que se empezó a construir la actual macro-cárcel hacemos conjuntamente varios colectivos y en la iniciativa participan un buen número de personas para denunciar las condiciones de vida en las cárceles y el sentido mismo de las penas de prisión.

Sin embargo, los inocentes gestos que ahora narrábamos no fueron posibles. Flanqueando el mastodonte de hormigón, hierro y rejas nos esperaban a los ciclistas cinco furgones de la policía nacional, un coche de “secretas” y un “patrol” de la Guardia Civil repartidos en los tres posibles accesos a la cárcel. Semejante despliegue de seguridad impidió que llegáramos a ellos y nosotros seguimos la marcha sin poder parar allí.

No es sorprendente la obsesión por controlar, censurar y dificultar que la información de dentro de las prisiones salga afuera. A ningún Estado le gusta que sus ciudadanos sepan las precarias condiciones de vida de las personas dentro de ellas: falta de recursos personales, materiales, deficiencias sanitarias y educativas…. Tampoco que conozcan que en sus cárceles mueren por infarto, suicidios (u otras causas “desconocidas”) unas 200 personas al año. Ningún Estado en su sano juicio se puede permitir desvelar el alto índice de personas que en prisión sufren de algún tipo de trastorno mental y/o una adicción a las drogas y al alcohol y el abandono de estas. No es sorprendente que se trate de ocultar los millones de euros que se han llevado al bolsillo las grandes empresas constructoras de este país ligadas al poder en la construcción de cárceles en los últimos años y tampoco que sepan que, hoy por hoy, la reinserción es una auténtica farsa para seguir legitimando la aberración de la prisión.

Tampoco sorprende que se quiera cortar la comunicación en sentido contrario, es decir, del afuera hacia adentro. ¿Qué pasaría si las personas que están dentro de prisión conociesen bien sus derechos como personas presas? ¿Qué pasaría si se empoderasen y comenzasen a exigir lo que les corresponde? O incluso más allá ¿qué pasaría si empezasen a cuestionarse la legitimidad de su encierro? Esto sin duda será más sencillo que ocurra si hay personas solidarias fuera de esos muros y este es el quid de la cuestión. Por este motivo, a este lado del muro prohíben una manifestación pacífica, atropellan el derecho de manifestación y de libre deambulación de las personas –puesto que la marcha ciclista pasaba por camino público-. Lo mismo sucedió los dos últimos años en el chupinazo solidario del día 6 de julio: en uno nos aporrearon y en el otro pincharon la rueda de un coche. Por esto despilfarran en todas estas ocasiones dinero público en mandar un desproporcionado número de policías a controlar a un puñado de personas porque, tal vez, en el fondo, hay motivo para la preocupación.

Se sabe que en momentos de crisis caen muchas instituciones caducas, se replantean sistemas que parecen históricos e imposibles de hacer desaparecer, en momentos de crisis los movimientos civiles se hacen más fuertes. En contra de lo que parece, ya que la presión sistemática de los medios de comunicación oficiales en legitimar la cárcel y el sistema penal actual es muy fuerte, son cada vez más las personas que se preguntar acerca de esa legitimidad, sobre lo qué acurre allí adentro y en posibles alternativas. Tal vez ha llegado el momento de cuestionarse en serio y de organizarse –dentro y fuera-, como hemos hecho con muchas otras cuestiones políticas y sociales en los últimos años, entorno a los interrogantes que suscita la cárcel, el encierro y sus consecuencias.

Hoy, a través de este medio de prensa todas las personas que estáis en Calle Colina de Santa Lucía s/n sabréis que lo intentamos, que lo deseábamos pero que como de costumbre no nos dejaron. Bueno, todo esto si, como también viene siendo por costumbre allí dentro, esta hoja de periódico no llega arrancada hasta el corazón de la cárcel. Hay cosas parecidas a ambos lados del muro.

Fuente: Salhaketa Nafarroa